Versículos sobre el perdón

Los versículos sobre el perdón se le lanzan a la gente más que casi cualquier otro, casi siempre para cerrar una conversación en lugar de abrirla. Aquí lee despacio. Cada uno de estos pasajes dice algo concreto, y en todos los casos eso concreto es más chico y más amable que el uso que suele dársele. Dos hablan del perdón que necesitas recibir. Tres hablan del perdón que te están pidiendo dar. Ninguno dice que perdonar a alguien signifique volver con esa persona, confiar otra vez o aceptar que lo que pasó estuvo bien.

La medida no es lo que la otra persona merece

Pablo no les dice a los efesios que perdonen porque la ofensa fue chica, ni porque el tiempo cura, ni porque guardar rencor hace mal a la salud. Da una sola razón: así te trataron a ti. La medida no es el mérito del otro. Eso es un alivio, porque el mérito del otro suele ser justamente la cuenta que no logras dejar de hacer.

Fíjate también en las dos palabras que vienen antes de perdonar en esa frase: bondad y un corazón blando. Esa es la parte difícil, y aparece como algo que uno se pone, como ropa, no como un sentimiento que hay que invocar. En una mañana en que no tienes ninguno de los dos, ponértelos por una hora ya es un intento real.

Sean amables y compasivos unos con otros, perdonándose unos a otros, así como Cristo los perdonó a ustedes.

Efesios 4:32, VBL

El texto da por hecho que tu queja es real

Este es el versículo para leer si alguien te dijo que estás exagerando. Pablo lo escribe como condición: si alguien tiene una queja contra otro. No te pide decidir primero que la queja es imaginaria. Da por sentado que hay una deuda verdadera sobre la mesa, y recién entonces habla de cancelarla.

Ese orden importa, y es justo el orden que casi todo el mundo se salta. No se puede perdonar una deuda que uno no se permitió nombrar. Lo que pide aquí es soportarse unos a otros y soltar lo que se debe, no fingir que no te quitaron nada.

Sean pacientes unos con otros, perdonen a otros entre ustedes si hay algún agravio de uno contra otro. Así como el Señor los perdonó a ustedes, hagan lo mismo.

Colosenses 3:13, VBL

Para la culpa que sí es tuya

Si llegaste a esta página cargando algo que hiciste, y no algo que te hicieron, empieza aquí. El salmo elige una distancia en lugar de una promesa que tengas que merecer: oriente y occidente, una distancia sin punto medio y sin regreso a pie.

Vale quedarse un rato con el hecho de que el poeta eligió a propósito una medida que sabía que no se podía medir. No está describiendo cómo te sientes respecto de tu pasado. Está describiendo lo que ya se hizo con ese pasado.

Tan lejos como el este está del oeste es como el Señor ha echado fuera nuestros pecados.

Salmo 103:12, VBL

Pedro quería un número

Pedro hace una pregunta razonable — cuántas veces tengo que hacer esto — y Jesús responde con un número tan grande que claramente no es un número. Lo que dice es que la práctica de perdonar no viene con contador. Vas a hacerlo por la misma herida más veces de las que esperas, algunas separadas por años.

Este es además el pasaje que más se usa para mantener a la gente al alcance de quien la sigue lastimando, así que léelo junto al que registra Lucas, donde Jesús pone en la misma frase reprender a la persona, que se arrepienta, y perdonarla. Jesús no está describiendo a alguien que deba absorber el daño en silencio y para siempre. El perdón sin cuenta trata de lo que tú sueltas. No es una obligación de seguir al alcance.

Entonces Pedro vino donde estaba Jesús y le preguntó: “¿Cuántas veces debo perdonar a mi hermano por pecar contra mi? ¿Siete veces?” “No, siete veces no. ¡Yo diría hasta setenta veces siete!” le dijo Jesús.

Mateo 18:21-22, VBL

Lo que Dios hace con eso

Miqueas se pasó casi todo su libro hablando sin rodeos de corrupción e injusticia — no es un profeta que minimice nada — y termina preguntando quién más es así: un Dios cuya costumbre firme es la misericordia y no el rencor.

La imagen en la que aterriza es un descarte deliberado, pecados arrojados a aguas profundas. Algo está siendo puesto a propósito donde no se puede volver a pescar. Es una figura útil para quien tiene una cabeza que vive dragando el fondo.

¿Quién es un Dios como tú, que perdona el pecado y olvida la rebelión de los que aún quedan en su pueblo especial? Tu no persistes en tu enojo, pues te deleitas en mostrar amor incondicional. Tú tendrás compasión de nosotros nuevamente. Tu pisotearás nuestros pecados, y los lanzarás al fondo del mar.

Miqueas 7:18-19, VBL

Algo que estos versículos no dicen

El perdón y la reconciliación son dos cosas distintas, y ninguno de los versículos de arriba las junta. El perdón es algo que puedes hacer esta mañana, a solas, respecto de alguien que nunca pidió perdón y que incluso puede haber muerto. La reconciliación necesita a dos personas, honestidad y conducta cambiada, y no siempre está disponible ni es prudente.

Si alguien te sigue haciendo daño, tu seguridad va primero y no es una preocupación menor que tu alma. Irte, quedarte en silencio, buscar un abogado, bloquear un número: nada de eso es una falla de perdón. Si estás en peligro, busca ayuda hoy en el número de emergencias o en un servicio de atención a víctimas de tu país. Esta página no es orientación legal, psicológica ni pastoral.

Llévate uno solo a la mañana de mañana, no los cinco. En el paso de Leer, léelo muy despacio; en el paso de Pedir, di el nombre de la persona en voz alta. Ahí suele ocurrir el trabajo de verdad.

Texto bíblico de la Versión Biblia Libre. Creative Commons Atribución-CompartirIgual 4.0

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